
Albarelo del siglo XV (probablemente fabricado en Manises, Valencia), Museo Arqueológico Nacional, Madrid.
Se trata de un albarelo de arcilla y base con pie anular, con un cuerpo cilíndrico ligeramente cóncavo y cuello alto con reborde. Su superficie está decorada con motivos en reflejo metálico dorado sobre fondo blanco. Esta decoración era típica de la región valenciana, con tonos de azul cobalto que la distinguen de los procedentes de Málaga, cuyo azul era muy claro.
En Egipto, Grecia y Roma la preparación y conservación de medicamentos era realizada fundamentalmente por el médico, sin que hubiera un tipo de envase específico para la conservación de fármacos. Hay hallazgos de vasijas de estas épocas que, por su contenido o inscripción, nos permiten deducir que fueron usadas para contener medicamentos, aunque sus formas sean muy variadas y constituidas por materiales diferentes. Sin embargo, con el avance de los conocimientos, las técnicas de preparación del medicamento se hicieron más laboriosas, lo que planteó dos cuestiones:
Las preparaciones medicinales requerían mucho tiempo y habilidad por lo que el médico solía verse desbordado, lo que motivó que esta función de elaboración del medicamento comenzara a delegarse en otras personas: los boticarios. Esta distinción entre la función del médico y la del farmacéutico parece que comenzó en el Islam medieval, alrededor del año 1000, cuando el gran médico persa Rhazés, considerado el más importante del periodo, defendió tal diferenciación, lo cual, dado su gran prestigio, influyó decisivamente en el resto de médicos de la época. Algo similar ocurriría en Al-Andalus con Avenzoar, cuya postura defensora de la separación entre medicina y farmacia contribuiría enormemente a que sus colegas coetáneos también adoptaran esta fórmula.
Por otro lado, la ingente cantidad de medicamentos y sus distintas formas de elaboración hicieron necesaria una forma específica de conservación, para lo que el albarelo, considerado el tipo de recipiente de cerámica de botica más antiguo que se conserva en los museos, tenía ciertas cualidades. Su origen es persa (su nombre deriva de la palabra persa al-barani o bote para drogas o especias) y al tener una boca ancha que permitía introducir la mano y una zona estrecha en su centro que facilitaba su agarre, resultaba también de gran utilidad en la dispensación por lo que se mantendría durante siglos como prototipo de bote de botica. En principio, estos albarelos parece que se sellaban con hojas de pergamino o algún material parecido antes de que aparecieran otros elementos más compactos o tapaderas.
Los albarelos más antiguos que se conocen fueron elaborados en Europa, son de origen hispanomusulmán, del siglo XIII, fabricados en Málaga, que fue el centro alfarero inicial y luego en la zona levantina (Manises y Talavera entre otros).
La farmacología islámica era muy avanzada, de hecho se considera una de las glorias de la ciencia árabe y fue la artífice de la introducción de numerosas novedades, ampliando las traducciones latinas con sus propias contribuciones, que fueron a tal punto importantes que sobrepasaron con mucho las aportaciones de griegos y romanos. Su desarrollo proviene, lógicamente, de Oriente y cuenta con figuras muy destacadas, como Al-Biruni que escribió una importante recopilación sobre las drogas medicinales con sus correlativos en otras lenguas.
A partir del siglo X es en Al-Ándalus donde hay que buscar la madurez y esplendor de la farmacología islámica. La incorporación a la ciencia andalusí del texto en latín “De materia medica” de Dioscórides, fue el hito que marcó el auge que la farmacología adquiriría en los siglos siguientes. Esta obra era un extenso tratado farmacológico en el que se describían unos 600 medicamentos simples de distinto origen y compendiaba el conocimiento de la tradición antigua (árabe, persa e india) así como las observaciones directas del autor en sus viajes a diferentes regiones de Europa, África y Asia.
En el año 949 Abd al-Rahman III recibió a una delegación del emperador bizantino Constantino VII Porfirogéneta (el revestido de púrpura), cuyo embajador portaba como presente un ejemplar en griego del «Dioscórides» bella y profusamente ilustrado. Aunque este libro había sido traducido al árabe en el siglo IX en la Casa de la Sabiduría de Bagdad, los nombres botánicos fueron trasladados literalmente, sin ser especificadas sus correspondencias con las plantas de la lengua a la que se traducía, lo que lo hacía difuso y poco comprensible y útil.
Esta era la copia que circulaba por el mundo islámico y Al-Andalus hasta la llegada del visir y médico real Hasday ibn Shaprut (915-975), el judío jiennense encargado de formar un equipo de eruditos conocedores de las propiedades de las drogas, para hacer una nueva y mejorada edición en árabe, más inteligible y práctica. Este acontecimiento supondría un punto de inflexión y simbolizó el renacimiento de la farmacología en Al-Ándalus y por extensión en el resto de occidente y el oriente musulmán.

Libro árabe de medicinas simples del “De Materia Medica” de Dioscórides, 1334. Museo británico de Londres.
Desde la ciencia andalusí se introdujeron nuevas formas de administración desconocidas en el mundo occidental, se promulgaron las primeras normas sobre la dosificación, especialmente de los medicamentos compuestos, y se desarrollaron nuevas presentaciones como jarabes, conservas, confecciones, julepes y electuarios. También se introdujo un sistema de pesas estrictamente medicinal.
No podemos acabar sin nombrar al gran Ibn al-Barani, malagueño, conocido como el Dioscórides español, que con su “Libro que recopila los medicamentos y los alimentos”, describió las características externas, propiedades, uso e inconvenientes de más de 1.400 medicamentos simples (la mayoría vegetales) e incluyó más de 200 plantas medicinales que no aparecían en el Dioscórides. Además, incluyó referencias a los estudios previos al suyo (desde los antiguos griegos a sus coétaneos), así como reflexiones de su trabajo personal, y muchas anotaciones y conclusiones.

Dispensación de medicamentos en una farmacia italiana (Tacuinum sanitatis, s. XIV)..Se observan distintos envases para cada tipo de medicamentos.
Fuentes
Cerámica Hispanomusulmana. Madrid. Ed. El Viso. 1991.
El Albarelo. Luis Marcos nogales. http://farmaciamarcos.es
Cerámica farmaceútica. Lopez Campuzano, Julia. Madrid: Larrión y Pimoulier. Cinfa. 1994.
La cerámica de botica. Sapena Boz MC y cols. Farmacia y Tecnología Farmacéutica. Univ de Sevilla. 2011.
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