El sabueso de la historia

Una historia peculiar de la medicina

Girolamo Fracastoro: El Pionero de la Epidemiología

De contagios y mal gálico

¿Quién fue ese Fracastoro que tiene hasta un cráter en la Luna? ¿Por qué es importante en la historia de la medicina?

Girolamo Fracastoro nació en Verona en 1478. Fue un erudito y renombrado médico italiano, un hombre del Renacimiento con un intenso afán por los nuevos descubrimientos. Sus contribuciones abarcaron la astronomía, donde de alguna manera se adelantó a Copérnico, y la botánica médica.

Estudió leyes en Bolonia antes de ingresar a la Universidad de Padua alrededor de 1501, donde cursó filosofía, matemáticas y medicina, obteniendo su grado de bachiller un año después. Durante un breve periodo, fue profesor de lógica en dicha universidad, pero se retiró a Verona para ejercer la medicina, alcanzando gran éxito y reconocimiento. De hecho, el papa Pablo III lo nombró médico del Concilio de Trento en 1545. Afortunadamente para los asistentes, y por recomendación de Fracastoro, el concilio se trasladó a Bolonia, lo que les permitió evitar la grave epidemia de peste que azotaba la ciudad trentina.

A través de su obra, Fracastoro revolucionó la comprensión de las enfermedades, sentando las bases de la epidemiología (con su teoría de las vías de contagio) y la microbiología moderna (con su teoría de los «seminaria»).


La Teoría del Contagio

En su obra de 1546, “De contagione et contagiosis morbis et eorum curatione” (“Sobre el contagio, las enfermedades contagiosas y su cura”), Fracastoro propuso una serie de conceptos nuevos como los «seminaria morbis» (semillas de enfermedad) que fue una de las primeras teorías en la historia de la medicina que postuló que las enfermedades contagiosas (como la peste, la tuberculosis, la sífilis o el tifus) eran causadas por partículas invisibles que podían auto-multiplicarse y transmitirse de una persona a otra. Aunque la idea de las «semillas de enfermedad» era antigua, Fracastoro la desarrolló de forma más extensa y clara, oponiéndose a la teoría predominante de la época: la de los cuatro humores.

Además, en este tratado, Fracastoro estableció las tres formas de contagio que aún tienen plena vigencia:

  1. Por contacto directo: De persona a persona (como la rabia y la lepra).
  2. Por fómites: Objetos portadores de las semillas (como las ropas de los enfermos).
  3. A distancia: A través del aire o miasmas infectadas (como la tuberculosis).

También fue crucial su aporte en la diferenciación entre los conceptos de infección (como causa) y epidemia (como consecuencia). Describió las enfermedades que podían calificarse como contagiosas y agregó nuevas a esta categoría, como el tifus exantemático y la sífilis.

Esta postura era radicalmente opuesta a la noción de las miasmas como causa predominante de enfermedades. Aunque en ese momento histórico no se podían ver ni comprender estas «semillas», su teoría sentó las bases para lo que más tarde se conocería como la teoría de los gérmenes, un pilar fundamental de la medicina moderna desarrollada por Pasteur y Koch. Fue un pionero al vincular la enfermedad con la transmisión de partículas específicas, mucho antes del desarrollo del microscopio y del descubrimiento de bacterias y virus.


El Libro sobre la Sífilis

Portada de la obra sobre la Sífilis (1530)

En 1530, publicó un poema épico en latín llamado “Syphilis sive morbus gallicus” (“Sífilis o la enfermedad gálica o francesa”), que serviría como tratado médico durante muchos años. Estructurado en tres tomos, describe los síntomas, las supuestas causas y los posibles tratamientos de la enfermedad.

  • En el Libro I explica que la enfermedad tiene causas naturales muy complejas y variadas, y de ninguna manera es un castigo divino. En contra de la hipótesis de que la sífilis había llegado a Europa desde América (la teoría colombina), Fracastoro planteó que la enfermedad podía haber existido desde tiempos inmemoriales y haber resurgido debido a alineaciones planetarias. Describe cuidadosamente los síntomas de las etapas primaria y secundaria de la enfermedad, e incluso intuye la tercera y más grave etapa (la neurosífilis).
  • En el Libro II propone medidas generales contra la enfermedad: sangrías, purgantes, baños de vapor para incrementar la sudoración, dieta saludable y distintos tipos de climas. Al final se detiene en el tratamiento principal de ese momento: el mercurio.
  • En el Libro III describe, de forma muy gráfica, el encuentro de Colón con los nativos de la isla de Santo Domingo y cómo la sífilis ya existía allí de forma endémica. Los isleños le refieren la leyenda de que la enfermedad es un legado del pastor sacrílego Sifilo, que al haber desafiado al dios Sol, la había recibido como castigo. El dios, aplacando en cierta medida su ira, entregó a los hombres la resina del árbol guayacán como remedio. Esto daría lugar a un intenso comercio de dicha resina durante años, hasta que se descubrió que su efecto era prácticamente nulo.

De esta leyenda proviene el nombre actual de sífilis, ya que hasta ese momento había recibido distintos nombres, dependiendo del país o nación: “Mal de Nápoles” para los franceses; “Mal gálico” para los ingleses; “Mal francés” para los españoles. Al coincidir con las múltiples guerras en la península itálica y los grandes viajes marinos, la enfermedad se extendió no solo por el Viejo Continente, sino también por las costas africanas y el Extremo Oriente.

Al no conocerse su mecanismo de transmisión sexual, era muy difícil plantear medidas profilácticas eficaces, por lo que se recurrió a medidas a veces muy drásticas. De todos modos, ya en 1497, un edicto del Consejo Municipal de Aberdeen (Escocia) hacía una referencia clara al posible origen venéreo del contagio.

Aunque los trabajos de Fracastoro influyeron notablemente en su momento, sus ideas sobre el contagio cayeron en el olvido hasta mucho después. La sífilis siguió siendo devastadora hasta el descubrimiento por Schaudinn del Treponema pallidum (su agente causante) y la introducción en 1909 por parte de Paul Erlich del salvarsán (un compuesto arsenical), considerado el primer tratamiento eficaz contra la enfermedad hasta el uso de la penicilina, que es su tratamiento actual.

La obra de Fracastoro sigue siendo relevante para entender cómo las ideas sobre la enfermedad han evolucionado a lo largo de la historia y cómo se construyeron los cimientos de la medicina moderna. Sin olvidar, por supuesto, que la sífilis sigue siendo un grave problema de salud en todo el mundo, con entre 6 y 8 millones de afectados cada año, sobre todo en África subsahariana, Sudamérica, China y el Sudeste asiático.

Grabado de Johan Sadeler (el viejo) donde vemos al poeta Fracastoro (figura central con un libro en su mano izquierda) y un hombre arrodillado que está bebiendo agua del manantial (el pastor Sifilus) y el hombre de pie que está a su lado es el cazador Ilceo (según la mitología alegórica fue con cazador sirio que ofendió a la diosa Diana y esta le castigó causándole la enfermedad)


Referencias

  • Kenneth Walker. Historia de la medicina, CREDSA Ediciones y Publicaciones. Barcelona. 1966.
  • Harrison´s Principles of Internal Medicine. 21ª edición. Mcgraw-Hill Interamericana España. 2022.
  • Carlos G. Osorio. «El origen mítico de la sífilis». Rev. Chilena Infectol. 2022.
  • Tomás Fdez y Elena Tamaro. «Biografía de Girolamo Fracastoro». Ed. Biografías y Vidas. Barcelona. 2004.

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