El sabueso de la historia

Una historia peculiar de la medicina

Thomas Sydenham

El Padre de la Observación Clínica

Niño afecto de Corea de Sydenham

¿Por qué dedicar una entrada a Thomas Sydenham?. La respuesta es sencilla: es una de las figuras clave en la historia de la medicina. Su legado se sustenta en numerosas razones, que lo han llevado a ser considerado el «Hipócrates inglés»:

  • Fundador de la Medicina Moderna: Su enfoque se centró en la observación directa de los pacientes, la descripción detallada de los signos y síntomas, y la clasificación de las enfermedades. Esto fue crucial en un momento histórico en que las teorías abstractas amenazaban con estancar el progreso médico.
  • Pionero del Método Empírico: Fue uno de los primeros en aplicar el método empírico de observación clínica para diagnosticar y tratar enfermedades, oponiéndose a los métodos teóricos y especulativos que prevalecían en la medicina antigua y de su época.
  • Transición Fundamental: Sydenham representa la transición de una medicina puramente teórica a una práctica empírica. Con ello, sentó las bases del método clínico y de la nosología moderna.

Hay que recordar que, entre los siglos XVI y XVIII, el pensamiento patológico moderno en Occidente se desarrolló influenciado por dos corrientes principales:

  • El Empirismo: Basado en la experiencia directa y personal de la realidad.
  • El Racionalismo: Cuyo objetivo era construir esquemas lógicos para explicar esa realidad.

Las ideas de Sydenham, ancladas en el empirismo clínico y etiológico, contribuyeron decisivamente a modificar la antigua patología galénica.

Biografía

Thomas Sydenham nació en 1624 en Windford Eagle, Condado de Dorset, en el seno de una acomodada familia puritana. Su padre, William Sydenham, era un terrateniente reconocido.

En 1642, con el estallido de la Guerra Civil Inglesa (el conflicto entre el Rey y el Parlamento), la familia se alineó firmemente con la causa parlamentaria. En 1643, a los 17 años, Thomas ingresó en el Magdalen Hall de la Universidad de Oxford, pero sus estudios se interrumpieron a los dos meses al tener que alistarse como soldado en el ejército de Oliver Cromwell, junto a su padre y hermanos. En este clima de violencia, su familia sufrió grandes pérdidas: su madre fue asesinada por dragones realistas y su hermano Francis murió en batalla.

Tras la victoria de las tropas de Cromwell, Thomas fue desmovilizado a los 22 años y reinició sus estudios en Oxford, donde obtuvo el título de bachiller en medicina en 1648.

La calma fue breve. Dos años después, la reanudación de la guerra lo obligó a reincorporarse al ejército. En 1651, a los 26 años, fue herido gravemente e incluso dado por muerto en la Batalla de Worcester (la batalla final de la Guerra Civil). Tras este suceso, se despidió definitivamente de la carrera militar y regresó a Londres.

En 1655 se casó con Mary Gee, con quien tuvo tres hijos, y comenzó a practicar la medicina en el barrio aristocrático de Westminster. La influencia política de su familia decayó con la muerte de Cromwell y la Restauración. Aunque Thomas fue cubierto por la amnistía general, se le impidió pertenecer a la Royal Society y al Colegio Real de Médicos.

Durante las décadas de 1660 y 1670, Sydenham ejerció la medicina en Londres, pero su fuerte carácter y sus ideas sobre la práctica médica le valieron la oposición y animadversión de gran parte de la comunidad médica. A partir de 1676, sin embargo, su reputación comenzó a mejorar. Aunque los opositores persistieron, sus defensores crecieron, comparándolo con Hipócrates y acuñando el apodo de «Hipócrates inglés». Ese mismo año, a la edad de 52 años, Sydenham pudo doctorarse.

La vida azarosa que había llevado, que lo mantuvo temporalmente alejado del condicionamiento implacable del pseudogalenismo – aún enseñanza obligatoria -, le permitió conservar una mente abierta y captar la disparidad entre la enseñanza médica de su tiempo y la experiencia clínica real.

Fue contemporáneo y amigo del gran filósofo y médico John Locke, quien lo acompañaba en sus visitas médicas. Locke, deslumbrado por la sagacidad y el sentido práctico de Sydenham, se convirtió en amanuense y traductor de su obra al latín y francés, siendo crucial en el reconocimiento y la difusión de su contribución al saber médico.

Por influencia de su amigo y vecino, el químico Robert Boyle, Sydenham comenzó a estudiar las epidemias que asolaban Londres periódicamente. Esto lo llevó a visitar hospitales con regularidad y a desconfiar de la medicina especulativa de su tiempo, tan teórica y alejada de la verdadera experiencia clínica. Su fama creció, siendo reconocido más fuera de Inglaterra que en su propia tierra. Boerhaave (el «Hipócrates holandés»), uno de sus grandes admiradores, lo consideró único y excepcional, contribuyendo a la difusión de sus ideas por toda Europa.

Thomas Sydenham murió en 1689 (no 1649) y está enterrado en la Abadía de Westminster, donde su epitafio lo describe como un médico noble de todas las épocas.

Contribuciones al Pensamiento Médico

La importancia de Sydenham no reside en grandes descubrimientos, sino en su innovadora forma de concebir la práctica médica, en clara oposición a la mayoría de los médicos de su tiempo.

1. El Concepto de Especie Morbosa y el Enfoque Clínico

Sydenham comenzó a agrupar casos individuales con síntomas y evolución similares en especies morbosas particulares, alejándose de los diagnósticos genéricos y confusos (como el simple «fiebres»).

  • Pasó de planteamientos teóricos a centrarse en los síntomas del paciente, evaluándolos y agrupándolos.
  • En lugar de buscar las causas internas de los procesos morbosos (que consideraba inaccesibles mediante la especulación), se centró en los signos externos y observables de la enfermedad, cuya evidencia era cierta.
  • Distinguió el concepto de síndrome (conjunto de síntomas que pueden obedecer a distintas enfermedades) de la especie morbosa (enfermedad definida por su causa, curso clínico y pronóstico).

Este enfoque eminentemente práctico fue una contribución fundamental al empirismo clínico.

2. Defensor del Método de Observación Clínica

En su obra clave, Observationes Medicae (1676), propuso una nueva patología basada en la descripción de la enfermedad. Insistía en que la medicina «se aprende al lado del enfermo» a través de la experiencia directa, y no por las elucubraciones mentales de los médicos académicos.

Aunque estos conceptos lo acercan a un pensador moderno, seguía apegado a la concepción hipocrática-galénica del desequilibrio humoral. Sin embargo, en su ideario, la causa última de la enfermedad no era tan importante como el poder curar al enfermo, que era el verdadero fin del médico. No negaba la existencia de una causa esencial, sino que la consideraba inútil para la práctica curativa.

3. La Nosología (Clasificación de las Enfermedades)

Sydenham afirmaba que el médico debía ser como un pintor, capaz de reproducir minuciosamente los síntomas de un paciente, y al mismo tiempo como un botánico, clasificando las enfermedades con un método riguroso.

  • Esto implicaba separar los síntomas, distinguiendo los constantes y peculiares de los accidentales.
  • También era crucial definir el curso de la enfermedad, organizando los síntomas según su aparición natural.
  • Gracias a esta observación y deducción minuciosa, que aplicó incluso a las dolencias que él mismo sufrió (gota y litiasis renal), logró dilucidar la relación entre ellas.

Su recomendación de dejar constancia escrita y ordenada de los síntomas y signos de los pacientes llevó a varios autores a reconocerle la paternidad de la historia clínica. Si bien hoy se sabe que esta práctica nació en la época de Hipócrates (como se describe en los libros I y III de las Epidemias del Corpus Hippocraticum), Sydenham consolidó su uso como herramienta fundamental del método clínico.

4. Contribución a la Terapéutica y la Epidemiología

Como fiel seguidor de Hipócrates, defendía la Vis Medicatrix Naturae (el poder curativo de la naturaleza). Creía que el médico debía ayudar a la fuerza vital a vencer la enfermedad, acelerando la curación con medicamentos usados con moderación, preferentemente simples y de origen vegetal.

Este enfoque, que puede verse como un cierto nihilismo terapéutico en comparación con los tratamientos agresivos de su época, fue beneficioso para muchos de sus pacientes. Su botiquín era muy reducido, pero incluía:

  • La corteza de la quina como remedio para las fiebres.
  • El hierro en el tratamiento de la anemia.
  • El mercurio para la sífilis.
  • El antimonio y la jalapa como evacuantes.
  • El opio para el dolor, en forma del conocido Laudano de Sydenham (una preparación de opio en tintura alcohólica, especias y vino de Málaga).

En el área de la epidemiología, se centró en encontrar características ambientales comunes de los procesos morbosos y relacionarlas con la época del año, acuñando conceptos como enfermedad epidémica, intercurrente, estacionaria y anómala.

La trascendencia de Thomas Sydenham en la historia de la medicina se resume en tres puntos esenciales:

  1. Su insistencia en la necesidad de apartarse de los prejuicios teóricos ante los enfermos y atenerse únicamente a los fenómenos observables.
  2. La propuesta de una nueva nosografía (clasificación) de las enfermedades fundamentada en conocimientos empíricos. De esta forma, describió genialmente patologías que aún llevan su nombre, como la Corea de Sydenham o la tos de Sydenham.
  3. Su influencia decisiva al insistir en volver a los principios hipocráticos y rechazar las elucubraciones teóricas, guiando a la medicina del siglo XVII hacia lo que hoy consideramos la medicina moderna.

Se dice que Sydenham hizo por la medicina de su siglo lo mismo que Hipócrates había hecho dos mil años antes por la de su época.

El conocimiento sin práctica es inútil y la práctica sin conocimiento es peligrosa (T. Sydenham)

Referencias

Young P, Ipiña MA y Mazza DC. Thomas Sydenham a casi 400 años de su nacimiento. Fronteras en medicina. 2023; 18(2):122-133.

Walker K. Historia de la medicina. Ed Panorama. 1966.

Inglis Brian. Historia de la medicina. Ed Grijalbo. 1968.

Martul C y Montoro J. Atlas Ilustrado. Historia de la medicina. Susaeta Ediciones S.A.

Laín Entralgo. Historia universal de la medicina. Tomo IV. 297-301. Salvat editores. S.A. 1973.

López Piñero JM. Breve historia de la medicina. Ed Alianza. Madrid, 2000.

Laín Entralgo. Historia de la medicina moderna y contemporánea. Ed Científico-Médica. Barcelona. 1963.

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