La abadesa que curaba.

Hildegarda von Bingen. Protestificatio de Scivias, Fol. 1. Facsímil de Eibingen del códice de Ruperstberg.
Hildegarda de Bingen (1098-1179) nació en Bermersheim, en el actual Renania-Palatinado (Alemania), y vivió plenamente en el siglo XII. Esta fue una época marcada por el dogma y la restricción del conocimiento científico, cuyo acceso era especialmente limitado para las mujeres.
El Contexto Médico y Socio-Político
En el occidente europeo de aquel entonces, la medicina era una amalgama de prácticas empíricas, saberes heredados de la antigüedad (notablemente de Galeno e Hipócrates), influencias árabes obtenidas a través de la traducción de textos de grandes médicos como Avicena y Rhazes, y una fuerte carga de superstición y creencias religiosas.
Estos años representaron el ocaso de la medicina monacal. Los monasterios, que hasta ese momento habían sido los centros más relevantes del saber médico —donde se copiaban y estudiaban los textos antiguos y se cultivaban jardines de hierbas medicinales—, comenzaban a ceder su primacía ante el surgimiento de las primeras escuelas de medicina, como la de Salerno (muy influenciada por la sabiduría acumulada en la cercana Abadía de Montecasino), y el desarrollo de las primeras universidades, como las de Montpellier y Padua, que buscaban sistematizar el estudio de la medicina de forma laica.
Una Figura Fascinante y Compleja
En este complejo contexto socio-político y científico-médico, Hildegarda desarrolla su intensa actividad. Es una de las figuras más fascinantes y polifacéticas del medievo europeo. Su vida y obra no se ciñen a una única disciplina, pues abarcó los roles de abadesa, mística (conocida como la Sibila del Rin por sus visiones), compositora, filósofa, naturalista y una de las médicas más importantes de su tiempo.
Ingresó a los ocho años en el convento de Disibodenberg, como parte del diezmo que su acomodada familia debía a la Iglesia, al ser su décima hija. Allí tuvo la inmensa fortuna de formarse con la monja Jutta de Sponheim, quien, al pertenecer a la nobleza, había recibido una excelente educación. Hildegarda se convirtió en su alumna predilecta y la sucedería como abadesa tras su muerte en 1136.
En el convento benedictino, y siguiendo el precepto de la orden, el Ora et labora (llevar una vida contemplativa centrada en la oración, pero también desarrollando un trabajo manual o intelectual), Hildegarda pudo dar rienda suelta a su inteligencia y a su profunda curiosidad por la naturaleza. Esta formación influyó en el desarrollo de un enfoque de la salud holístico, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, centrado en la unidad inseparable del cuerpo, la mente y el alma.
Aunque tuvo visiones místicas desde niña, no fue hasta 1141 cuando, en una de ellas, percibió un mandato divino para escribir sus revelaciones. Fue entonces, principalmente entre los años 1151 y 1158, que plasmó todo su saber en una monumental obra de medicina y ciencias naturales, originalmente titulada Sobre las propiedades naturales de las cosas creadas, cimiento de su incalculable legado médico.
Obras Maestras del Saber Natural
La medicina de Hildegarda debe entenderse en su época precientífica, dentro de una tradición de magisterio monacal de corte platónico (un modelo idealista y trascendente para entender el mundo y a Dios) y bajo la idea central de la profunda correspondencia entre el universo (macrocosmos) y el hombre (microcosmos).
Estas concepciones se reflejan en sus escritos médicos: la salud y la enfermedad se observan en relación directa con el equilibrio o desequilibrio del ser humano con las fuerzas cósmicas. La salud era un estado de diálogo e interacción correcta entre estas dos realidades: el microcosmos (el hombre completo en sus dimensiones corporal, anímica y espiritual) y el macrocosmos (el universo que lo rodea). La enfermedad, por lo tanto, era el resultado de una interacción imperfecta o inadecuada entre estos elementos.
Su obra magna fue posteriormente dividida en dos tratados fundamentales que representan una síntesis original de la tradición popular, el humorismo galénico y el misticismo cristiano:
- PHYSICA (Historia Natural): Contiene la descripción de 230 plantas herbáceas y 60 árboles, detallando sus aplicaciones médicas. Desarrolló una nomenclatura botánica en alemán para aquellas plantas que carecían de nombre en latín, nomenclatura que todavía se utiliza. Sus conocimientos de farmacopea eran extensos, utilizando plantas, animales y minerales en sus tratamientos.
- CAUSAE ET CURAE (Problemas y Remedios): En este texto, Hildegarda se adentra en el mundo de las enfermedades, sus causas y sus síntomas, revelando su visión integral y multidimensional del hombre. Describe la formación del ser humano, sus fases de crecimiento y las enfermedades de forma sistemática de la cabeza al pie, como era costumbre en la época.

Imagen del manuscrito por Hildegarda de Bingen. Causae et curae.
El Enfoque Integral de la Salud
Para Hildegarda, la salud no se reduce a un nivel exclusivamente biológico, sino que se refiere a un entramado de relaciones entre el cuerpo, el alma y el espíritu, y de estas partes con el mundo exterior y sus cuatro elementos primordiales: fuego, aire, agua y tierra. El proceso patológico o la salud dependían de dos factores clave:
- El contexto de la enfermedad (clima, estación del año, alimentación, entre otros).
- El enfermo individual, pues toda enfermedad se expresa de manera única y personal en cada persona, reflejando la expresión del alma y del cuerpo. Por lo tanto, la enfermedad debía analizarse en un sujeto particular y no de forma general y unitaria.
Si la enfermedad es una pérdida de equilibrio entre el hombre y el universo, la curación o la conservación de la salud deben buscar la recuperación de este equilibrio a través de:
- Medidas físicas: Dieta adecuada y equilibrada, con periodos de ayuno, ejercicio y descanso apropiados.
- Medidas anímicas: Estudio y trabajo adecuados, manteniendo un estado alegre y en paz consigo mismo y con los demás, es decir, llevando una conducta moral apropiada.
- Medidas espirituales: Hacer el bien, reconciliarse y estar en paz con Dios, y retornar a la acción justa a través de la oración y la meditación.
El terapeuta debía discernir a qué nivel o niveles (corporal, anímico o espiritual) respondía la enfermedad, ya que el tratamiento, aunque debía atender a los tres planos, se modularía en función del nivel afectado de forma predominante.
El Ethos del Médico y herramientas terapéuticas
Para Hildegarda, el mejor médico no es el que más sabe, sino el más observador, ya que solo así puede cumplir su función de facilitador o intermediario para ayudar al paciente (patiens, el que sufre) a restablecer el equilibrio con su naturaleza. El Ethos (carácter) del médico debía residir en la misericordia hacia los demás y en su discretio, es decir, en su capacidad de discernir (separar lo correcto de lo incorrecto) y obrar con prudencia y reserva.
Rechazó enérgicamente el uso de la magia, no por negar su existencia o efectividad, sino por considerarla inmoral al no estar vinculada a lo divino y solo servir a fines particulares y egoístas. La medicina, en cambio, debía servir y obedecer a Dios, buscando a través de él el bienestar del hombre.
Su práctica terapéutica integraba diversas herramientas:
- Remedios externos: Plantas, dieta, etc.
- «Magia simpática»: Basada en la fuerza del lenguaje y el pensamiento simbólico para curar y transmitir poder y vida, como reflejo del verbo creador de Dios. Esto lo realizaba mediante sortilegios o encantamientos verbales.
- Música: Considerada un arte curativo fundamental y el arte más elevado, un puente natural que conectaba al hombre con el creador. En su concepción, era la forma más idónea para curar las enfermedades del alma, como la melancolía, al tener el poder de ordenar y armonizar el espíritu.
Aportaciones a la Fisiología Femenina y General
Quizás las aportaciones más asombrosas y novedosas de Hildegarda, por desafiar las creencias establecidas, fueron sobre la fisiología, especialmente la femenina. Por ejemplo, trató sobre la menstruación y refutó la idea aceptada de que las mujeres eran el único animal que menstruaba, al señalar que las monas también lo hacían. Además, en escritos muy realistas, se refirió a temas sexuales y la procreación, siendo la primera mujer en Occidente en describir el orgasmo femenino e insistir en la importancia de la gratificación sexual para las mujeres.
Desde su perspectiva de los cuatro elementos y los cuatro humores galénicos, hizo aportaciones a la fisiología general, por ejemplo, al sostener que la sangre fluía por las venas de todo el cuerpo, lo que contradecía la idea galénica de que la sangre intravascular tenía un movimiento de flujo y reflujo y se consumía en las venas. Es decir, intuyó la circulación de la sangre siglos antes de Servet y Harvey.
A pesar de sus múltiples aportaciones médicas y su visión holística del paciente, su figura y escritos no tuvieron una gran influencia en el medievo tardío, siendo aparentemente superados por el aristotelismo neoplatónico árabe y el nuevo sistema científico escolástico. Sin embargo, su obra fue rescatada en el siglo XX y hoy es la base de la Medicina de Hildegarda, enmarcada en el creciente interés por las medicinas alternativas.
En resumen, su visión holística del hombre en la salud y la enfermedad es fundamental. Su medicina era una terapia integral dirigida al cuerpo, la mente y el espíritu, entendida como el arte de conseguir el equilibrio vital que reconciliase al hombre con su entorno y con su componente espiritual mediante la armonía con la ley divina.

Persistencia del legado de Hildegarda. Libro publicado en 2019.
Referencias principales
Duarte I. Hildegarda von Bingen: El sustrato de la salud y la enfermedad. Rev. Ciencias Médicas. 47(1). 2022.
Álvarez E. La medicina de Hildegarda de Bingen. Academia de Edu. Acceso gratuito en Intenet.
Molina Aragonés, J. M. Visión (2009): Un paseo por la medicina medieval y por la vida de Hildegarda de Bingen. Rev Med Cine; 20(2). 175-188.
Lain y colaboradores. Historia universal de la medicina. Tomo III (medieval).Mundo y hombre en Hildegarda de Bingen. 1976.
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