El sabueso de la historia

Una historia peculiar de la medicina

El largo camino de las vacunas contra la poliomielitis

Un largo camino de sufrimiento.

La historia del descubrimiento de las vacunas contra la poliomielitis es una de las mayores gestas en la historia de la salud pública y la medicina. Es crucial rememorar este logro, especialmente en un momento en que un movimiento antivacunas sin fundamento científico amenaza con consecuencias potencialmente desastrosas.

La poliomielitis (del griego Polio -gris-, myelos -médula- e -itis -inflamación-) es una enfermedad infecciosa causada por los poliovirus. Se caracteriza por la aparición de parálisis flácida, en ocasiones mortal, que puede dejar secuelas severas. El virus, al replicarse, destruye las motoneuronas de las astas anteriores medulares y bulbares.

Afortunadamente, la infección por poliovirus es asintomática la mayoría de las veces. Con frecuencia produce cuadros leves y muy rara vez evoluciona a la parálisis.

Aunque el poliovirus ha existido desde tiempos remotos, a principios y mediados del siglo pasado se transformó en una plaga que afectó a multitud de países, tanto ricos como pobres. Marcó profundamente la conciencia de sus habitantes, generando el temido «pánico del verano» por el alto riesgo de contagio, especialmente durante los meses más cálidos. Esta alarma social impulsó grandes campañas públicas de recaudación de fondos para financiar la investigación de su causa, prevención y tratamiento.

Paradójicamente, en este caso, la mejora en el nivel de vida no contribuyó a su control, sino que incrementó su incidencia en adultos. Al vivir en condiciones más higiénicas, los adultos no habían desarrollado inmunidad durante la infancia debido a una menor exposición al virus.

Aún persisten las impactantes imágenes de los pacientes en los «pulmones de acero», la única forma de sobrevivir cuando la afectación bulbar paralizaba los músculos respiratorios. La mayoría pudo abandonar estos aparatos al mejorar o recuperarse, pero otros casos dependieron de ellos para seguir viviendo.

Durante mucho tiempo, también fueron visibles las discapacidades físicas permanentes como secuela de la enfermedad aguda (incapacidad de movimiento autónomo, cojeras, dependencia), así como los artilugios diseñados para mitigarlas (bastones, muletas, ortesis, alzas, sillas de ruedas y automóviles adaptados). De hecho, la poliomielitis ha sido una de las principales enfermedades incapacitantes de carácter permanente a nivel mundial.

Se ensayaron rápidamente numerosos procedimientos para combatir la infección, la parálisis y las deformidades (sueroterapia, uso de inmunoglobulinas, rehabilitación o inmovilizaciones), pero todos pasaron a la historia con el desarrollo de las vacunas.

El Contexto Prevacunal y la Investigación

El rastro de la enfermedad se remonta a tiempos remotos. Un posible primer registro gráfico es una estela egipcia de la XVIII Dinastía (1580 – 1350 a. e. c.), donde se observa a un sacerdote usando una muleta debido a una pierna atrófica y acortada.

1789: El médico inglés Michael Underwood realiza la primera descripción clínica en su volumen «Debilidad de las extremidades inferiores».

1834: Se registra el primer brote epidémico en la isla de Santa Elena, y se populariza el término «parálisis infantil», por la mayor susceptibilidad en niños menores de cinco años.

1840: El ortopedista alemán Jacob Von Heine la individualiza clínicamente y la denomina parálisis espinal infantil, por su probable origen medular.

Antes del descubrimiento del virus, la enfermedad se atribuía a agentes tan variados como la pasteurización de la leche, el humo del tabaco, la electricidad, las ondas de radio, los gases de los automóviles, la barba de los médicos e, incluso, a los inmigrantes.

1909: Karl Landsteiner y Edwin Popper descubren el origen viral de la enfermedad.

La primera mitad del siglo XX fue crucial, allanando el camino para el desarrollo de la vacuna:

1907-1911: El pediatra sueco Ivar Wickman describe de forma rigurosa los aspectos clínicos y epidemiológicos de la enfermedad (carácter estacional, mayor incidencia de formas abortivas, transmisión por contacto y afectación en adultos).

1931: Los australianos Frank M. Burnet y Jean MacNamara concluyen que existen al menos dos variedades de virus, un aporte trascendental, pues la inmunidad de uno no protegía contra el otro.

1941: Albert B. Sabin y Robert Ward demuestran de forma fehaciente la transmisión por vía entérica.

1948: John Enders, Thomas H. Weller y Frederick C. Robbins desarrollan una forma de cultivar el virus en el laboratorio, un avance decisivo para la creación de la vacuna. Ese mismo año, David Bodian, Isabel M. Morgan y Howard A. Howe separan serológicamente los tres tipos de poliovirus (PV1, PV2 y PV3).

El Desarrollo de la Vacuna: Avances y Reveses.

En la última década del siglo XIX, se habían producido las primeras grandes epidemias. La situación escaló hasta 1952, cuando Estados Unidos sufrió la peor epidemia de su historia, con más de 58.000 afectados, 3.154 muertos y 21.269 pacientes con graves secuelas.

A mediados de los años treinta, el desarrollo de una vacuna se veía limitado por la aparente imposibilidad de crearla contra un virus tan resistente y diversificado, y por el hecho de que el poliovirus solo crecía en determinados tejidos vivos, lo que dificultaba y encarecía la investigación.

Hubo intentos tempranos de vacunas efectivas y seguras que fracasaron, lastrando la confianza pública:

  • M. Brodie desarrolló una vacuna con virus inactivados con formol (similar a la que usaría Salk después). Los resultados mostraron una eficacia muy limitada o nula, y se informaron casos de polio posiblemente originados por la vacuna, sembrando dudas sobre su seguridad.
  • J. Kolmer trabajó en una vacuna de virus atenuados (vivos, pero modificados) y la probó en unos 10.000 niños en EE. UU. y Canadá. Los resultados fueron catastróficos, causando parálisis y algunas muertes. Se sospechó que el virus no había sido completamente atenuado.

Ambos estudios fueron cancelados en 1935, lo que supuso un duro revés y un retraso en la investigación hasta la década de 1950.Más adelante, influyó negativamente el denominado «incidente Cutter» (1955), un fallo en la fabricación de la vacuna de Salk por el Laboratorio Cutter. Algunos lotes contenían virus no inactivados, lo que causó la enfermedad en más de 200 niños vacunados (con 10 fallecimientos). Este fue un episodio oscuro en la historia de las vacunas, que generó un profundo desprestigio para la vacuna de Salk, pero que también impulsó una mejora en la regulación de las vacunas a nivel mundial.

A pesar de los reveses, la gravedad de la enfermedad mantuvo la investigación. El presidente de EE. UU., Franklin D. Roosevelt, que había padecido polio paralizante, usó su cargo para crear una comisión de recaudación de fondos, que en 1935 fundó la Fundación Nacional de la Parálisis Infantil. Esta fundación impulsó la identificación y clasificación de las tres familias diferentes del virus (lograda en 1951), abriendo el camino hacia una vacuna efectiva.

El Presidente Rooselvelt con sus secuelas de poliomielitis

La Época de Oro: Salk y Sabin.

En 1950, en plena epidemia, la Fundación seleccionó a Jonas Salk, de la Universidad de Pittsburgh. Con su experiencia en vacunas de virus inactivados (formol) contra la gripe, y basándose en las investigaciones de Isabel Morgan (que demostró que el poliovirus inactivado con formalina producía anticuerpos en monos), Salk combinó el método de cultivo de Enders y el de inactivación de Morgan para crear su vacuna.

  • 1953: Las primeras pruebas de seguridad se realizaron con más de 5.300 participantes, incluyendo al propio Salk, su esposa y sus hijos. Se utilizaron las tres variedades del virus cultivadas en tejidos de mono e inactivadas en formol, publicando sus primeros resultados positivos ese mismo año.
  • 1954: La Fundación organizó un ensayo a gran escala con 1.830.000 niños («pioneros de la polio») en 44 estados, la mayor prueba en la historia de la medicina. Los resultados confirmaron la teoría de Salk, y en los cinco años siguientes, la incidencia disminuyó en un 90 %.

La vacuna Salk presentaba una serie de desventajas: Los vacunados no padecían la enfermedad, pero podían ser portadores y seguir propagando el virus a través de heces y saliva. Además, la inmunización era temporal y requería de varias dosis de recuerdo, lo que complicaba la inmunización universal. Su efectividad inicial era limitada (60-70 %).

La Vacuna de Sabin (Virus Oral Atenuado – VPO) – Albert Sabin, un judío polaco que emigró a EE. UU. huyendo de los nazis, ya había descubierto la transmisión oral del virus. En 1957, él y su equipo desarrollaron una vacuna de virus vivos, pero debilitados.

  • Grandes Ventajas:
    • Podía ingerirse por vía oral (en un terrón de azúcar), ideal para campañas masivas y económica de producir.
    • Producía anticuerpos de larga duración y una inmunidad intestinal muy efectiva.
    • Generaba «inmunidad de rebaño o grupo» al excretarse virus atenuados por el intestino del vacunado, protegiendo indirectamente a los no vacunados.
  • Desventajas:
    • Requería de tres tomas separadas por al menos un mes.
    • Necesitaba una estricta conservación en frío, lo que explica la persistencia de casos en regiones menos desarrolladas.
    • Existía la posibilidad, aunque muy rara (1/2.600.000), de que el virus atenuado revirtiera y causara la enfermedad (casos de polio paralítica tras la vacunación oral, especialmente con la primera dosis).

Tanto Salk como Sabin renunciaron a la patente de sus vacunas, facilitando su abaratamiento y uso extensivo. Gracias a la vacuna de Sabin, la polio fue erradicada definitivamente en Estados Unidos en 1996.

Elizabeth Kenny y el Tratamiento de Secuelas – Es importante destacar la figura de Elizabeth Kenny, una enfermera australiana notable y controvertida en la lucha contra las secuelas. Desarrolló el «Método Kenny» como tratamiento alternativo. En su época, el estándar implicaba la inmovilización prolongada con yesos para reducir el dolor, lo que a menudo resultaba en atrofia muscular y parálisis permanente.

Kenny, a partir de su observación clínica, notó que los músculos de los pacientes estaban rígidos y en espasmo, no dañados permanentemente, y que la inmovilización los perjudicaba.

Su método consistía en:

  1. Aplicación de compresas calientes y húmedas para relajar los músculos, aliviar el espasmo y reducir el dolor.
  2. Movilización temprana y ejercicios graduales de reeducación muscular y fortalecimiento para prevenir deformidades y restaurar la función.

A pesar de rehabilitar a miles de víctimas a nivel mundial y ser considerado uno de los tratamientos más efectivos antes de las vacunas, Kenny enfrentó una fuerte controversia por parte de la comunidad médica tradicional, por ser una enfermera sin formación formal que desafiaba los protocolos establecidos. Con el tiempo, su enfoque ganó aceptación y fundó centros de rehabilitación, siendo el Sister Kenny Institute en Minneapolis uno de los más renombrados.

Elizabeth kenny en 1950.

Situación Actual y Erradicación Global.

Actualmente, la vacuna de Sabin (VPO) ha sido sustituida en la mayoría de los países por una vacuna intramuscular de virus muertos, la VPI (Vacuna contra la Poliomielitis Inactivada), con una efectividad y seguridad cercana al 100 %. Se administra en cuatro dosis (2, 4, 11-12 meses y un recuerdo a los 6 años), logrando una inmunización completa para toda la vida. Se calcula que más de 10 millones de casos de polio paralítica han sido prevenidos a lo largo de los años.

En 1998 la OMS resolvió abordar la erradicación de la poliomielitis para el año 2000. Aunque no se logró integralmente, se consiguió la desaparición circulante del PV2 y el PV3 no se detecta desde 2012. Además, se redujo drásticamente el número de países donde la enfermedad es endémica.

Gracias al esfuerzo internacional, la poliomielitis será probablemente la segunda enfermedad infecciosa en desaparecer después de la viruela. No obstante, persiste en algunos países (Nigeria, Pakistán, Afganistán) debido a la dificultad geográfica de acceso a las vacunas y a los conflictos bélicos, que provocan el desplazamiento forzoso de portadores del virus y la interrupción de las campañas de vacunación, lo que ha empeorado la situación en los últimos años.

La Polio en España

En la década de 1950-1960, se declararon en España unos 2.000 casos al año. La vacuna de Salk no tuvo impacto por la falta de una campaña de vacunación real. En 1963, se inició una campaña masiva con la vacuna de Sabin, cuyo éxito fue espectacular: la incidencia disminuyó en un 90 % en solo un año.

El último caso de la enfermedad se registró en 1989, aunque posteriormente ha habido cuatro casos por el «virus vacunal» (pacientes sintomáticos después de vacunarse, a diferencia del «virus salvaje» encontrado en la naturaleza), el último en 2002.

Referencias

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