El sabueso de la historia

Una historia peculiar de la medicina

Hermann Boerhaave: El maestro de Europa y la sistematización de la medicina moderna.

Boerhaave ocupa una posición singular en la historia de la ciencia occidental. Su fama no se debe a un único descubrimiento revolucionario, como ocurrió con algunos de sus contemporáneos, sino a su inmensa capacidad para sintetizar, organizar y enseñar el saber médico de su tiempo.

Considerado uno de los clínicos y profesores más influyentes del siglo XVIII, fue conocido como el «Profesor de Europa» y el «Hipócrates holandés». Bajo su tutela, la Universidad de Leiden se transformó en el epicentro de la medicina mundial. Su influencia abarcó tres ramas fundamentales del saber: la medicina, la botánica y la química.

Biografía y formación académica

Hermann Boerhaave nació en 1668 en la pequeña localidad de Voorhout, cerca de Leiden. Era hijo del reverendo calvinista Jacob Boerhaave y de Hagar Daelder. Su padre, un hombre de carácter amistoso, cariñoso y diligente, versado en griego, hebreo y latín, se encargó de brindarle una educación clásica temprana. Aunque su madre falleció cuando Hermann tenía diez años, la nueva esposa de su padre, Eva Dubois, fue una verdadera madre para él y sus numerosos hermanos.

Desde el principio, Boerhaave mostró una gran capacidad intelectual. Siguiendo los deseos paternos, se orientó inicialmente hacia el ministerio eclesiástico. Ingresó en la Universidad de Leiden en 1684, donde estudió filosofía, teología y lenguas clásicas, doctorándose en filosofía en 1690 con una tesis sobre la distinción entre la mente y el cuerpo.

Mientras proseguía sus estudios teológicos, comenzó a interesarse por la medicina. Al agotar sus recursos económicos, se vio obligado a buscar un sustento. Dado su dominio de las matemáticas, comenzó a impartir clases en la universidad, pero su propensión al estudio de las enfermedades persistía. Decidió entonces dar un giro en su vida y obtener el grado de médico.

Su formación fue eminentemente autodidacta: asistía a las disecciones públicas de Antón Nuck y estudiaba con ahínco a los autores clásicos. Para Boerhaave, Hipócrates constituía la fuente original de todo conocimiento médico, junto a otros autores griegos. También estudió a modernos como Vesalio, Falopio y Bartholin, pero sobre todo admiraba profundamente a Thomas Sydenham, a quien consideraba el más importante de todos.

Un incidente marcó su destino profesional: debido a una discusión de índole religiosa en la que defendió a Spinoza —entonces en el punto de mira de la ortodoxia calvinista por su modernidad filosófica—, fue acusado de spinozismo. Este rechazo le impidió continuar su carrera teológica, orientándolo definitivamente hacia la medicina. Finalmente, recibió el grado de doctor en la pequeña Universidad de Harderwijk en 1693, con una tesis sobre la “Utilidad de explorar los excrementos en los enfermos como signos de enfermedad”.

Durante ocho años practicó la medicina en Leiden, estudiando a los Padres de la Iglesia y experimentando con la química, una de sus grandes pasiones. Gracias a su creciente prestigio, su preclara inteligencia y una desmedida capacidad de trabajo, en 1701 fue nombrado profesor de medicina en la Universidad de Leiden.

Su discurso de toma de posesión fue una declaración de intenciones: al notar que los estudiantes descuidaban las fuentes clásicas, recomendó fervientemente el estudio cuidadoso de Hipócrates.

Boerhaave combinó la instrucción teórica sistemática con la enseñanza práctica junto a la cabecera del paciente. En el Hospital de Santa Cecilia de Leiden, reservó un número limitado de camas (seis para hombres y seis para mujeres) exclusivamente para la docencia. Este método permitía:

  • Una observación detallada de los pacientes.
  • La guía personal a los alumnos mediante la historia clínica rigurosa.
  • La exploración física directa.

Este enfoque revolucionó la educación médica. Leiden se situó muy por encima del resto de las universidades europeas, y su modelo fue rápidamente adoptado por instituciones punteras como Edimburgo, Viena (gracias a su discípulo Gerard van Swieten) y Gotinga (por la labor de Albrecht von Haller).

Boerhhave con su hija Joanna María (la única que llegóa a edad adulta de sus cuatro hijos) y su esposa.

Obras fundamentales

En aquella época, la medicina clínica se encontraba en un estado de confusión, practicándose como una amalgama de principios galénicos, iatroquímicos y empíricos. Boerhaave plasmó sus enseñanzas en dos textos que se convirtieron en canónicos durante décadas:

  1. Institutiones Medicinae (1708): Un manual introductorio que abarcaba patología, semiótica, higiene y terapéutica.
  2. Aforismos sobre el diagnóstico y terapia de las enfermedades (1709): Texto de referencia obligada en toda Occidente.

Boerhaave asumió el reto de integrar los nuevos descubrimientos (como la circulación de la sangre de Harvey) con la tradición de observación griega. En el debate teórico de la época, existían dos corrientes principales:

  • La teoría iatroquímica: Consideraba el cuerpo como un laboratorio y la enfermedad como un desequilibrio químico.
  • La teoría iatromecánica (o iatrofísica): Veía el cuerpo como una máquina compleja regida por leyes físicas (hidráulica, estática).

Boerhaave se decantó por la iatromecánica, al considerar que la física era una ciencia más avanzada. Para él, la enfermedad surgía a menudo de fallos mecánicos (obstrucciones, densidad de fluidos). Esta visión materialista excluía, en gran medida, los aspectos psicosomáticos.

Diseñó un currículum médico lógico que aún hoy resuena en los planes de estudio: comenzar con matemáticas y mecánica, seguir con botánica y química, continuar con anatomía y fisiología, y finalizar con patología y terapéutica.

Botánica y Química: Pasiones científicas

En 1709, Boerhaave ocupó la cátedra de Medicina y Botánica, convirtiéndose en prefecto del jardín de la universidad. Con gran entusiasmo, catalogó las plantas (Index Plantorum) y enriqueció el jardín intercambiando semillas con botánicos de toda Europa. Fue mentor de Linneo, a quien ayudó durante su estancia en Holanda.

Hizo del jardín de Leiden uno de los más ricos de Europa, visitado por muchos extranjeros.  Compró y editó los manuscritos inéditos de Jean Swammerdam, considerada una de las más importantes de la biología y la antología y donde desmentía la teoría de la generación espontánea, así como realizó unas maravillosas microdisecciones de insectos para el estudio de su anatomía interna

Castillo Oud Poelgeest, residencia de Boerhaave cerca de Leiden, donde creó un jardín botánico que rivalizaba con el Hortus cliffortianus de Linneo

En 1718, fue nombrado profesor de Química. Sus contribuciones en este campo fueron notables:

  • Independencia de la Química: Fue pionero en considerarla una entidad científica independiente y no un mero auxiliar de la medicina.
  • Método científico: Fue el primero en aplicar principios newtonianos a la química y utilizó sistemáticamente el termómetro de Fahrenheit en sus investigaciones.
  • Desmitificación: Refutó la alquimia mística y demostró errores de conceptos antiguos (como la «materia ígnea»).
  • Bioquímica: Logró aislar la urea mucho antes de su descubrimiento oficial.

Su obra Elementa Chemiae (1732) se convirtió en el texto de autoridad hasta la llegada de Lavoisier a finales del siglo.

En 1729, agotado por su inmensa actividad y aquejado de gota y problemas pulmonares, renunció a sus cátedras de botánica y química. Sin embargo, siguió activo intelectualmente, interesándose por temas novedosos como las enfermedades del sistema nervioso (De Morbis Nervorum).

Falleció en 1738, víctima de una insuficiencia cardíaca progresiva. Aunque se ha dicho que fue más un gran compilador que un descubridor, Boerhaave dejó aportes clínicos originales, como la primera descripción de la rotura transmural del esófago, hoy conocida como Síndrome de Boerhaave, hallada durante la autopsia del almirante Jan van Wassenaer.

El padre de la historia clínica moderna

Su mayor legado reside en la sistematización. Boerhaave construyó el canon de la historia clínica estructurada tal y como la conocemos hoy:

  1. Antecedentes familiares y personales.
  2. Exploración actual.
  3. Diagnóstico y pronóstico.
  4. Tratamiento.
  5. Necropsia (si procedía) para correlacionar síntomas y lesiones (método anatómico-clínico).

Boerhaave fue un hombre inmensamente inteligente, modesto y de trato amable, que promovía la alegría y corregía con firmeza pero sin humillar. Junto a Thomas Sydenham, constituye una de las figuras cumbres de la clínica en los siglos XVII y XVIII.

«Mantén la cabeza fría, los pies calientes y el vientre libre; así te reirás de los mejores médicos.»


Referencias principales

  • Laín Entralgo, P. (1974). Los grandes sistémicos: Hermann Boerhaave. En: Historia universal de la medicina. Barcelona: Salvat.
  • Kidd, M., Modlin, I.M. (1999). The luminati of Leiden: From Bontius to Boerhaave. World J Surg; 23: 1307-14.
  • Lama, A. (2002). Boerhaave: Una mente brillante, un carácter virtuoso. Rev Med Chile; 130(9): 1067-1072.
  • Pollack, K. Los discípulos de Hipócrates. Una historia de la medicina. Barcelona: Plaza y Janés.
  • Evans, R. (2021). Hermann Boerhaave. El Hipócrates holandés. Ciencia y tecnología.
  • Tomé López, C. (2015). Hermann Boerhaave, el maestro de Europa. Cátedra de cultura científica de la UPV/EHU.

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