El sabueso de la historia

Una historia peculiar de la medicina

Antecedentes de la medicina griega: del estadio pretécnico a la Incubatio.

En el arco temporal que precede al siglo VI a.e.a., el mundo helénico carecía de un corpus doctrinal que pudiera ser catalogado, con el rigor necesario, de «técnico». Esta etapa, designada como medicina pretécnica, constituye el sustrato sobre el cual el pueblo griego produciría una de sus mayores contribuciones a la civilización: la transformación del acto empírico de sanar en una práctica racional y científica. Bajo la denominación de Tekhne Iatriké (ars medica o arte médico), se acuñó no solo un oficio, sino una disciplina sujeta a normas y principios naturales.

Medicina homérica.

La medicina homérica se presenta como un preludio providencial; una sociedad cuya cosmovisión estaba ya orientada hacia la futura eclosión de la fisiología y la patología científica. El carácter (ethos) griego manifestó una serie de disposiciones intelectuales que resultaron determinantes en la génesis de los dos pilares de la medicina técnica: la Physis (naturaleza) y la Tekhne (arte o técnica). Entre estas facultades destacan:

  • Una curiosidad dotada de una agudeza excepcional para la observación de la realidad sensible.
  • Una tendencia intrínseca a la objetivación verbal y descriptiva de lo observado.
  • Una concepción naturalista de la divinidad, que alejaba a los dioses del capricho irracional para integrarlos en el orden del cosmos.
  • Una actitud espiritual inédita, caracterizada por una relación desenfadada y libre con las deidades del culto.

No obstante, esta inclinación hacia lo racional no debe obviar la persistencia de una cosmovisión mítico-mágica, subyacente a la religiosidad olímpica y a la estructura social de la aristocracia aquea —marcadamente competitiva y jerarquizada—, sustentada sobre una economía de base agropecuaria.

La mitología griega trataba de explicar sucesos de la realidad en la Antigua Grecia. Se observa a Hércules en una de sus aventuras

Anatomía y fisiología en la epopeya homérica

El conocimiento de la arquitectura anatómica en el periodo homérico no fue fruto de la disección sistemática, sino de las enseñanzas extraidas de fuentes empíricas: la observación de la superficie corporal, la experiencia traumática en el campo de batalla y, con alta probabilidad, la contemplación fortuita de la putrefacción de los cadáveres insepultos.

Resulta ciertamente asombroso que, partiendo de premisas tan elementales, los poemas homéricos alberguen una precisión descriptiva tan notable. Si bien es cierto que el hombre de la Ilíada percibía el cuerpo más como una concreción de miembros inconexos (mela) que como una unidad orgánica integrada, la nomenclatura para designar relieves externos, vísceras y estructuras internas es de una riqueza léxica impresionante. La trayectoria intracorporal de los proyectiles —flechas y lanzas— actúa como un bisturí que desvela la anatomía interna, permitiendo al poeta relacionar con exactitud la localización del trauma con su pronóstico de letalidad.

Copa de figuras rojas (siglo V a.e.a.) que muestra a Aquiles vendando las heridas de Patroclo durante la guerra de Troya.

En el orden fisiológico, la doctrina es menos prolija pero no por ello carente de interés. La vitalidad se vincula a la permanencia de la psykhé (alma) o el thymós (ánimo), situando su centro neurálgico en el phren o phrenes. Este complejo anatómico-funcional comprendía el diafragma, el pericardio y el corazón. La tesis de que el diafragma constituía la sede del psiquismo —teoría sugeridas por las somatizaciones torácicas de las emociones— perduraría durante centurias. Resulta revelador que, frente a esta atención al tórax, el cerebro permanezca en un silencio funcional absoluto en el pensamiento homérico.

Etiología de la enfermedad: entre lo natural y lo punitivo

El pensamiento griego distinguía tres segmentos etiológicos fundamentales en el proceso morboso:

Origen Traumático – El más frecuente en las fuentes. Se entiende como la consecuencia mecánica e inmediata de un agente externo (vulneratio). La ausencia total de interpretaciones mágicas en la descripción de las heridas es un indicio premonitorio del futuro pensamiento clínico.

Origen Ambiental – Atribuido a las inclemencias del medio ambiente (distermias por calor o frío, regímenes dietéticos, etc.), manteniendo siempre una interpretación estrictamente naturalista de la dolencia.

Origen teúrgico o divino – Representando el castigo de los dioses ante la transgresión humana. Es aquí donde sobrevive el componente sobrenatural de la enfermedad, entendido como una intervención punitiva sobre la fragilidad del mortal.

Ilustración que recrea a un oráculo griego en pleno trance extático, listo para escuchar los designios de los dioses.

Incluso en esta dualidad —donde coexisten la causa física y el arbitrio divino—, se advierte una incipiente racionalización del mito, donde la voluntad de los dioses comienza a manifestarse a través de medios naturales.

La Praxis Terapéutica: empirismo y ritual

El tratamiento de las afecciones combinaba un pragmatismo empírico con el recurso a la terapéutica ritual. La cirugía de guerra se consolidó como la práctica más depurada: las heridas eran sometidas a abluciones, espolvoreadas con sustancias botánicas de acción analgésica y, finalmente, vendadas con destreza.

Aparece aquí el concepto de phármakon, término ambivalente que designa tanto el remedio como el veneno. En este estadio, el fármaco conserva aún su aura de hechizo o bebedizo, destacándose la hegemonía de Egipto como la tierra proveedora de las sustancias más eficaces. La dietética, por su parte, ya apuntaba maneras con el uso de baños y el kikeón (bebida reconstituyente de vino, queso, harina y miel).

Finalmente, el acto médico no rehuía la dimensión psicoterapéutica primitiva, empleando la palabra como elemento de distracción para el herido, junto a prácticas como la catarsis y el ensalmo (epoidé).

En suma, la medicina homérica constituye un fascinante crisol donde un sano empirismo comienza a ganar terreno frente a la concepción mágico-religiosa del enfermar.

Medicina pretécnica – Del pensamiento mágico al científico.

Aunque entre los siglos VI y V a.C. surgió en Grecia una medicina más científica y técnica (basada en la observación y la lógica), la medicina mágico-religiosa no desapareció. Al contrario, convivió con la ciencia desde la época de Homero hasta el final del Imperio Romano. Esta forma de entender la salud se integró en la cultura occidental como lo que hoy llamamos «medicina popular» y se basada en una simbiosis de remedios prácticos (empirismo) con creencias mágicas y supersticiones. Aprovechaba la vulnerabilidad emocional del enfermo y la fe ciega en la cura (efecto psicosomático) lo que ayudaba a que el cuerpo reaccionara positivamente.

En su origen estas prácticas eran restos de antiguas tradiciones sociales o inventos de curanderos individuales que habían tenido éxito por casualidad.

Los antecesores del médico moderno

Mucho antes de que la medicina fuera una actividad técnica y reglada, ya existían especialistas que gozaban de gran autoridad gracias a su experiencia acumulada (empeiria):

Quiroprácticos que eran expertos en el «trabajo de la mano» (kheirourgein), realizando maniobras físicas para sanar.

Rizotomos y Farmacópolas, verdaderos botánicos que conocían las propiedades de las raíces y las plantas medicinales.

Gymnastai, especialistas en el ejercicio físico y en cómo el orden y movimiento del cuerpo influían en la salud.

Un ejemplo famoso fue Democedes de Crotona, un sanador tan hábil que fue respetado incluso en la corte de los reyes de Persia, demuestran que, previa a la sistematización de Hipócrates, ya existía una clase de sanadores con una reputación basada en la observación clínica y el éxito terapéutico.

Etiología

En esta etapa pretécnica, la explicación de por qué alguien enfermaba dependía del tipo de dolencia:

Si alguien sufría una herida o un golpe físico, el hombre antiguo era muy realista. No buscaba explicaciones mágicas, sino que trataba la herida de forma lógica, igual que lo haría un campesino hoy en día (visión pragmática o naturalista)

El problema venía con las enfermedades internas o invisibles. Si había una epidemia (peste) o enfermedades graves como la lepra, la ceguera o la psicosis, se creía que era un castigo divino. Se pensaba que los dioses estaban enfadados o que espíritus malignos (daimones) estaban atacando a la persona (visión sobrenatural). De hecho, la palabra «epilepsia» significa etimológicamente «ataque» o «posesión», reflejando esa idea de que algo externo se apoderaba del cuerpo.

Terapéutica

La medicina popular griega era rica en rituales diseñados para limpiar tanto el cuerpo como el alma:

La Plegaria (eukhé), pidiendo ayuda directamente a dioses sanadores como Apolo o Asclepio.

La catarsis o purificación. Se creía que la enfermedad era una «mancha» o impureza (miasma). Se usaba agua o fuego para limpiar al paciente. El término actual «purgante» viene de este concepto de limpieza ritual.

El Entusiasmo (enthousiasmós) con curaciones a través del trance o la posesión divina en cultos grupales.

El empleo de la música y ensalmos, utilizando canciones y sonidos para restaurar la armonía entre el alma y el cuerpo (una idea muy importante para los seguidores de Pitágoras).

Una mujer toca un aulos durante un simposio o banquete.

La transferencia, es decir, intentar «pasar» la enfermedad del humano a un animal o a un objeto inanimado.

Por último, quizás el método más famoso, la Incubatio (el sueño en el templo). El enfermo iba a los templos de Asclepio (como el de Epidauro) y dormía allí. Se creía que, durante el sueño, el dios se aparecía para curarlo directamente o para decirle qué medicina debía tomar.

El gran cambio: de la magia a la naturaleza

Alrededor del año 500 a.C. ocurrió una revolución intelectual. La medicina dejó de ser algo mágico para convertirse en una disciplina basada en la Naturaleza (Physis). Este «milagro griego» no fue casualidad, sino el resultado de varios factores:

Los griegos eran una sociedad muy creativa que no estaba atada por reglas religiosas estrictas que prohibieran investigar.

Al viajar y fundar colonias, conocieron a otros pueblos, lo que les obligó a comparar sus tradiciones con las de otros y a cuestionar qué era verdad y qué era mito.

El cambio social que se produjo: Grecia pasó de ser una sociedad de agricultores y nobles a una sociedad de ciudades (polis), comercio y democracia. En este nuevo mundo urbano, la vida humana se volvió más racional y menos dependiente de los mitos antiguos.

Este paso marcó el nacimiento de la medicina como una técnica científica que busca causas naturales para problemas naturales.

LA INCUBATIO EN EL CULTO DE ASCLEPIO.

Recreación de una incubatio en un templo de Asclepio

Para comprender la incubatio, debemos abandonar la visión contemporánea de la patología como un fallo biológico aislado. En la cosmovisión grecolatina, la enfermedad era una quiebra del ser: el enfermo no solo padecía un síntoma, sino que se encontraba en un estado de desorden existencial.

Los Asklepieia (templos de Asclepio) no eran meros hospitales; eran recintos teúrgicos diseñados para inducir un estado de conciencia alterada. Estos complejos, como el de Epidauro o el de Pérgamo, se situaban estratégicamente en entornos de gran pureza ambiental (fuentes de agua cristalina, bosques sagrados), buscando que la physis del lugar coadyuvara en la recuperación del equilibrio.

Ofrendas votivas localizadas en el asclepieion de Corinto.

El recinto era sagrado; por respeto a la pureza del lugar, no se permitía la entrada a mujeres embarazadas (para no dar a luz allí) ni a moribundos.

Ritual

El acceso al Ábaton (el sanctasanórum donde se pernoctaba) no era inmediato, antes había que realizar una preparación o katharsis. El paciente se sometía a un protocolo de desintoxicación tanto física como espiritual:

Mediante abluciones rituales con el uso del agua que no solo respondía a una higiene rudimentaria, sino a la eliminación del miasma, esa mancha invisible que impedía el contacto con lo divino.

Siguiendo un régimen dietético mediante ayunos selectivos para agudizar la percepción y sensibilidad durante el sueño.

Realizando sacrificios propiciatorios con la entrega de una ofrenda (generalmente un animal o una torta sagrada) y así se establecía un contrato de reciprocidad con Asclepio.

La incubatio (del latín incubare, «acostarse sobre») o el sueño como instrumento terapéutico, encontraba su clímax en la quietud nocturna. Aquí, el paciente experimentaba lo que los textos denominan el «Encuentro Sagrado», mediante la visión directa del dios. Los testimonios epigráficos (como las Iamata de Epidauro) describen curaciones instantáneas. Se relata, por ejemplo, que el dios abría el pecho del paciente, extraía el mal y volvía a cerrar la carne sin dejar cicatriz. Desde una perspectiva histórica, esto refleja una proyección del deseo de una cirugía perfecta y divina. Probablemente se empleaban narcóticos (el opio, entre otros, era conocido por los griegos) para inducir un sueño y ser operado por los sacerdotes durante el mismo.

Bajorrelieve que muestra a Asclepio durante una incubación.

En otros casos, el dios no curaba, sino que actuaba como un consultor médico supremo. Dictaba recetas complejas, recomendaba el uso de plantas identificadas por los rhizotomos o instaba al paciente a realizar ejercicios específicos (influencia de los gymnastai).

Los sacerdotes de Asclepio, los Asclepíadas, comenzaron a registrar sistemáticamente los sueños y las curaciones, creando los primeros «archivos clínicos» de la historia. Esta acumulación de datos permitió, con el tiempo, que la observación de la naturaleza (Physis) ganara terreno sobre la intervención mágica. Estas observaciones fueron la base de instituciones como las de Cnido y Cos que funcionaron originalmente como depósitos de estas experiencias.

El Caduceo y la serpiente

El simbolismo de la serpiente en la incubatio es de una riqueza extraordinaria. Se creía que el dios podía manifestarse en forma de serpiente (el animal del inframundo que cambia de piel, símbolo de renovación). La serpiente lamía las heridas de los durmientes, realizando una curación por contacto.

Relieve votivo de Archinos, encontrado en el santuario de Anfiarao en Oropo. Siglo IV a.e.a. Vemos a una serpiente curando la espalda del enfermo.

Este legado perdura en el bastón de Asclepio, símbolo universal de la medicina, que representa la rectitud del juicio médico y la capacidad de regeneración de la vida.

La cristianización del ritual

La eficacia de la incubatio fue tal que el cristianismo primitivo no pudo ignorarla. En lugar de prohibirla, la adaptó. Los templos de Asclepio fueron sustituidos por santuarios dedicados a los Santos Cosme y Damián o a la Virgen María. El ritual de dormir en la iglesia para recibir una curación milagrosa continuó durante siglos en la medicina bizantina y medieval, demostrando que la necesidad humana de una curación trascendental es una constante histórica.

Cosme y Damián transplantan una pierna, comienzos del s. XVI.

En resumen, la incubatio representó el máximo exponente de la medicina psicosomática de la Antigüedad. No fue un obstáculo para la ciencia, sino el suelo fértil sobre el cual creció. La observación de los resultados terapéuticos en estos templos obligó a los pensadores griegos a buscar leyes naturales que explicaran la salud, facilitando así el nacimiento de la medicina como una tekhne racional y sistemática.

Referencias principales

Laín Entralgo P. Los orígenes de la medicina griega. Historia de la medicina. Ed Salvat. 1990. Cap 4(1): 45-54.

Lugones M, Ramírez M. La medicina de la antigüedad: Esculapio y la cultura. Rev Cub Med Gen Int. 2010; 26(2): 439-444.

Avial-Chicharro L. Los dioses nos curan en sueños. La incubación como método de sanación en el mundo grecolatino. ArtyHum 50. 2018. pp 26-46.

Bustos D. Las prácticas de incubación en la antigua Grecia. Monografia. Centro de estudios. 2013.

López Piñero J.M. La antigüedad clásica grecorromana. La medicina en la historia. Ed La esfera de los libros. 2002.

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