
El Imperio bizantino no fue una entidad nueva, sino la evolución y persistencia de la cultura grecorromana en Oriente. Aunque la ciudad se fundó en el año 330 d. C. como la «Nueva Roma», no fue hasta el 395 cuando el Imperio romano se dividió formalmente. Este nacimiento institucional fue el resultado de la decisión del emperador Teodosio I el Grande, quien estableció una división entre las mitades occidental y oriental.
A diferencia del Imperio de Occidente, que cayó en el año 476 con la deposición de Rómulo Augústulo, Bizancio resistió siglos de amenazas externas provenientes de más allá del Danubio (panonios, gépidos, ávaros), hasta sucumbir finalmente ante la expansión turco-otomana. Su fin ocurrió en 1453, con la conquista de Constantinopla. Esta existencia, prolongada durante casi mil años, configura un periodo histórico que puede calificarse como «sorprendente» y «casi milagroso».
La Medicina Bizantina: Continuidad y Fe
El Imperio bizantino no supuso una ruptura en el saber médico. La tekhne iatriké (el arte médico) de la Antigüedad helénica se integró orgánicamente en el mundo bizantino; de este modo, se logró preservar el conocimiento antiguo frente a las invasiones y el paso del tiempo. Como heredero directo del saber clásico, no se produjo una separación tajante entre la medicina griega y la bizantina.
Desde los inicios del Imperio, la Iglesia primitiva no rechazó la ciencia antigua, sino que realizó una adopción discriminadora de los conocimientos paganos para integrarlos en la nueva cosmovisión cristiana. Por ejemplo:
- Oribasio de Pérgamo (s. IV): Representa al griego helenístico fiel a la cultura pagana.
- Cesario de Nazianzo: Contemporáneo de Oribasio y médico de la corte, encarna la ética de la iglesia cristiana primitiva y la transición cultural del mundo pagano al cristiano.
Así, la medicina bizantina resultó de una mezcla elástica entre el saber helénico, la estructura administrativa romana y la ética cristiana.
Pilares de la sociedad bizantina – Para comprender la medicina de esta época, es necesario entender los órdenes sociales sobre los que creció:
- Orden idiomático: A pesar de la diversidad de pueblos europeos, asiáticos y africanos, el griego bizantino funcionó como lengua común. Esto permitió que la herencia literaria, intelectual y jurídica de la Grecia clásica fuera accesible para todos.
- Orden religioso: La sociedad estaba profundamente cristianizada. Existía una unión íntima entre el poder civil y el religioso, donde el emperador asumía funciones eclesiásticas (cesaropapismo). La religión dominaba la organización social y la medicina se convirtió en una práctica ligada a la fe; por consiguiente, las herejías eran tratadas como delitos civiles punibles por el Estado.
- Orden socioeconómico: Era una sociedad señorial, agraria y artesanal, con centros urbanos como Constantinopla y Alejandría. Se caracterizaba por un abismo social: una minoría (militares, comerciantes) vivía con gran lujo, mientras la mayoría rozaba el nivel de subsistencia. Aunque los poderosos mitigaban esto con repartos de víveres y asilos, estas medidas eran insuficientes para alcanzar una verdadera justicia distributiva.
- Orden intelectual: Existía un gran contraste entre la masa popular, dominada por la superstición, y una minoría refinada y culta que dedicaba su intelecto a complejas discusiones teológicas sobre la Trinidad y la naturaleza de Cristo.
La Medicina en Bizancio: tradición, fe y estructura.

El estudio de la medicina en Bizancio debe entenderse como el reflejo de una sociedad en constante tensión entre la tradición clásica helénica y la nueva cosmovisión cristiana. Su evolución se sostuvo sobre tres pilares fundamentales: la estimación de la salud, la naturaleza del saber médico y los factores de organización técnica.
1. La estimación de la salud – A pesar de la inseguridad histórica —marcada por las continuas amenazas de godos, persas, árabes y turcos— y de una fe profunda en la vida ultraterrena (donde el dolor se percibía como un mérito para la salvación), el ciudadano bizantino valoraba profundamente la salud física.
- Estatus médico: Los facultativos gozaban de un alto prestigio social, apoyo estatal y exenciones fiscales.
- Voluntad institucional: La frecuente creación de hospitales de gran envergadura demuestra una clara intención política y religiosa de asistencia sanitaria.
2. Naturaleza del saber médico – En Bizancio coexistieron dos niveles de conocimiento que, a diferencia de la Grecia clásica, a menudo se entremezclaban: el nivel técnico (tradición hipocrático-galénica) y el nivel subtécnico (supersticiones y prácticas populares).

Imagen medieval de un médico y lo que parece ser una asistente o sirvienta que presenta un recipiente.
Continuidad y «empequeñecimiento» – La medicina bizantina fue, simultáneamente, la persistencia y la reducción de la tekhne iatriké:
- Continuidad: Fue un proceso de transmisión natural. La comunidad idiomática permitió que autores como Oribasio consultaran a Galeno directamente, sin necesidad de traductores.
- Empequeñecimiento: Hubo una pérdida de creatividad innovadora tras la figura de Galeno. Las causas fueron multifactoriales: el paso de la polis al imperio, la influencia de mentalidades orientales y un enfoque más deductivo que experimental.
El conflicto con el cristianismo – El auge del cristianismo tras el siglo III generó un choque con los componentes «paganos» de Galeno. La solución fue una separación pragmática: se aceptó al Galeno médico (funcional), pero se desechó al Galeno filósofo y lógico. Esto derivó en un «galenismo» escolar, despojado de elementos peligrosos para la fe.
Medicina popular y misticismo – Bajo la superficie académica vibraba una medicina popular que fusionaba:
- Prácticas mágicas: Encantamientos y fórmulas como el «Abracadabra».
- Esoterismo: Alquimia, astrología y doctrinas herméticas (fusión de Hermes y Thot).
- Misticismo terapéutico: Fumigaciones e imposición de manos.
La estrategia de la Incubatio: Un ejemplo de «cristianización» fue el sueño en el templo (incubatio). En Menuthi (Egipto), el culto pagano a Isis fue sustituido astutamente por el de los santos Ciro y Juan. Estos santos eran llamados Anárgyroi («gratuitos»), y competían directamente con la medicina oficial retribuida.

Recreación de una Incubatio en un templo cristiano bizantino.
3. Formación y organización médica – La enseñanza mantuvo las estructuras helenísticas bajo presión teocrática. Hasta el siglo XII, con la dinastía de los Comnenos, no se reglamentó la titulación mediante el symbolon (diploma tras examen).Destaca la figura de Ana Comneno, quien poseía una instrucción profunda y participaba en deliberaciones técnicas.
No existieron centros equiparables a las universidades europeas, aunque compensaron esta carencia con un altísimo desarrollo de sus hospitales. Continuaron funcionando escuelas en Grecia, Asia Menor y Egipto, incluso ubo escuelas exclusivamente médicas como la de Nisibis en Siria. Constantino fundó en la capital la Stoa Basilikê (Pórtico Real) y en el siglo XIV, Manuel II Paleólogo creó el Katholikón Mouseion (Museo Universal), una institución cercana al concepto de universidad, aunque centrada más en lo jurídico y teológico que en lo científico.
La formación en las escuelas era puramente teórica (basada en filosofía y retórica) y el aprendizaje clínico se obtenía como aprendiz al lado de un médico acreditado.
La medicina bizantina no fue un campo puramente científico en el sentido moderno, sino una síntesis compleja de tres vertientes que coexistieron y se interrelacionaron en la vida cotidiana de la población:
Medicina técnica – basada en el legado greco-latino y el conocimiento anatómico.
Medicina religiosa – centrada en la fe cristiana, la caridad y la intervención divina. Se consideraba a Cristo como el médico principal; la plegaria era la mejor medicina y la iglesia el mejor hospital. Se erigieron como santos patronos de médicos y boticarios a Cosme y Damián y era muy fuerte la creencia en santos especialistas, como San Sebastián para la peste, el Santo Job para la lepra y San Artemio para enfermedades genitales.

Milagro de San Cosme y San Damian. Pintura anónima del siglo XVI.
Medicina mágica – Heredada del paganismo y donde pululaban curas mágicas, hechicería, uso de amuletos y alquimia, a las que recurría toda la sociedad, pero fundamentalmente era el único refugio para los más desfavorecidos económica y culturalmente.
El legado de los Hospitales (Xenones) – A diferencia de los hospitales romanos (militares o para esclavos), los bizantinos eran instituciones complejas inspiradas en la «ciudad médica» de Basileo de Cesarea.
- Xenodochias: Originalmente para extranjeros y pobres.
- Expansión: Se fundaron centros en Edesa, Antioquía y Éfeso.
- El Pantokrátor (1136): Fundado por Juan II Comneno, fue el modelo más avanzado. Contaba con 50 camas divididas en secciones especializadas (medicina interna, oftalmología, etc.) y personal jerarquizado, incluidos los parabolani (auxiliares).

Restos del Pantokrátor en Constantinopla.
Periodización de la Medicina Bizantina
Debido a la estabilidad de la cultura bizantina a lo largo de su milenio de existencia, su medicina se divide tradicionalmente en dos grandes periodos:
- Etapa Alejandrina (330 – 642 d. C.): Desde la fundación de la capital hasta la conquista de Alejandría por los árabes.
- Etapa Constantinopolitana (642 – 1453 d. C.): Desde la caída de Egipto hasta la desaparición final del Imperio.
1. La Etapa Alejandrina (Siglos IV al VII)
Esta fase se caracteriza por la convivencia de médicos paganos y cristianos, y representa el momento de mayor capacidad de sistematización de la medicina bizantina. En Alejandría, Zenón de Chipre y sus discípulos impusieron el sistema de Galeno, desplazando el metodismo de Sorano. Gracias a este esfuerzo de compilación y ordenación, la obra galénica se convirtió en el pilar fundamental de la medicina medieval europea y árabe.

Miniatura de un manuscrito medieval (Madrid Skylitzes también conocido como Codex Graecus Matritensis), una crónica ilustrada de la historia bizantina escrita por Juan Escilitzes en el siglo XII y que representa a unos siameses. Según la tradición fueron separados quirúrgicamente, falleciendo uno de ellos.
Figuras clave de la sistematización
- Oribasio de Pérgamo (325 – 403 d. C.): Médico personal del emperador Juliano el Apóstata. Autor de las Sinagogas médicas (enciclopedia de 70 volúmenes) y del manual de urgencias Euporista. Fue un médico iatrosofista que rescató el saber de la Antigüedad y fue pionero en la regulación profesional, estableciendo la necesidad de una licencia estatal para ejercer. Describió la semiología de las lesiones de la médula espinal y realizó importantes aportaciones pedagógicas.
- Aecio de Amida (Siglo VI): Formado en Alejandría y médico de la corte de Justiniano I. Su obra principal, el Tetrabiblon, es una vasta síntesis de autores clásicos. Destacó especialmente como uno de los primeros cirujanos ginecológicos, siendo su mayor aportación técnica la introducción del espéculo vaginal.
- Alejandro de Tralles (525 – 605 d. C.): Hermano del arquitecto de Santa Sofía, fue un clínico original que recuperó el espíritu hipocrático de la observación. Aunque seguía a Galeno, no dudaba en criticarlo basándose en su propia experiencia. Realizó las primeras descripciones de las parasitosis intestinales en su obra Biblión Therapeutikon. Curiosamente, en su práctica mezclaba el rigor clínico con el misticismo y la magia.
- Localización de las facultades mentales en los “ventrículos cerebrales”, según Posidonio (siglo IV). Xilografía de 1503.

Localización de las facultades mentales en los “ventrículos cerebrales”, según Posidonio (siglo IV). Xilografía de 1503.
El Siglo VII: Sobriedad y Transición
Este siglo se caracterizó por una mayor sobriedad técnica y el paulatino abandono de la mentalidad mágica del periodo anterior.
- Teófilo Protospatario: Jefe de la guardia imperial y autor de tratados didácticos sobre el pulso, la orina y la estructura del cuerpo humano.
- Estéfano de Atenas: Destacado comentador de Hipócrates y Galeno, cuya labor facilitó la comprensión escolar de los textos clásicos.
- Pablo de Egina: La figura más relevante del siglo VII y el último gran médico de la Alejandría bizantina. Su obra Hypomnema (Memorándum) compendia todo el saber médico antiguo. Sobresalió como cirujano y obstetra, actuando como el puente esencial de la cirugía antigua hacia la medicina árabe y la cristiana medieval.
Esta etapa concluye en el año 642 d. C. con la conquista de Alejandría por las tropas del califa Omar y la destrucción de su biblioteca. Sin embargo, el legado fue salvado: los médicos bizantinos lograron transformar la vasta obra de Galeno en un sistema educativo manejable, destacando la Ars parva (Mikrotekhne), que se consolidó como el manual estándar para los médicos de toda la Edad Media.
La Etapa Constantinopolitana y el Fin de Bizancio
Tras la pérdida de Alejandría, el centro de gravedad intelectual se desplazó a Constantinopla. Allí, la medicina sobrevivió entre tensiones religiosas, colapsos culturales y un último florecimiento bajo la dinastía de los Paleólogos. Este periodo está marcado por la diáspora del conocimiento hacia Oriente y por convulsiones internas que afectaron directamente la continuidad de la ciencia médica.
1. La Diáspora del Conocimiento – Antes de la caída de Alejandría, las tensiones religiosas provocaron una «fuga de cerebros» fundamental para la historia de la ciencia:
- En el 489, el emperador Zenón clausuró la escuela de Edesa por su inclinación nestoriana, lo que obligó a los sabios a trasladarse a Nisibis (Siria).
- En el 529, tras el cierre de la Academia Platónica por orden de Justiniano, muchos intelectuales atenienses se refugiaron en Gundishapur.

Recreación de la antigua Escuela de Gundishapur
Como consecuencia, se formó un núcleo intelectual greco-bizantino-persa que fusionó teología, filosofía y medicina, convirtiéndose en el precursor directo de la medicina árabe. Un ejemplo de este prestigio cultural fue la legación bizantina enviada a la corte de Abderramán III en Córdoba; esta traía como obsequio un ejemplar griego, magníficamente ilustrado, de la Materia Médica de Dioscórides, que sería traducido posteriormente por el monje bizantino Nicolás.
2. Convulsiones y Crisis en la Capital – Tres eventos marcaron el pulso de la cultura y la práctica médica en Constantinopla:
- La Querella de las Imágenes (s. VIII): Una guerra civil religiosa entre iconoclastas e iconódulos. La violencia contra los monasterios —custodios de los textos antiguos— provocó un serio colapso en el desarrollo científico.
- El avance del Hesicasmo (s. XII): Un movimiento místico y quietista que priorizaba la oración sobre la indagación científica, adoptando una postura antiintelectual.
- La IV Cruzada y la invasión latina: El saqueo de la ciudad por los cruzados y su posterior reconquista por Miguel VIII Paleólogo intensificaron el intercambio con Occidente, pero también marcaron el declive inexorable del Imperio.
3. Autores y Renacimiento Tardío – A pesar de las crisis, Bizancio produjo autores que mantuvieron viva la llama del galenismo:
- Siglos VII – X (Los Recopiladores): Destacan Meletio, quien escribió sobre la constitución humana desde una óptica estrictamente cristiana; León el Iatrosofista, enciclopedista polifacético y experto en cirugía; y Teófanes Nonno, notable compilador de saberes previos.
- Siglo XI: Sobresalen Miguel Psellos, monje neoplatónico que abordó la dietética y la fisiología, y Simeón Seth, médico cortesano autor del Syntagma, una exposición alfabética de medicamentos que integró conocimientos persas, árabes e indios.
- Siglos XII – XIII: Nicolás Myrepso redactó el Dynameron, una de las colecciones de recetas más vastas de la época, influenciada por la Escuela de Salerno. Asimismo, Sinesio tradujo del árabe tratados sobre higiene en los viajes.
- La Dinastía Paleóloga (s. XIII – XIV): Se vivió un renacimiento técnico liderado por Juan Actuario, cuya obra (Sobre la orina, Método terapéutico) representa la culminación de la medicina bizantina al unir la observación hipocrática con una erudición galénica impecable.
La medicina bizantina, un Sistema de Resistencia
La medicina bizantina no fue una ciencia estática, sino un sistema de resistencia cultural que integró la técnica griega, el orden romano y la compasión cristiana. A pesar de su carácter a veces dogmático, estableció las bases de la organización hospitalaria moderna y garantizó que los descubrimientos de la Antigüedad sobrevivieran para nutrir la gran medicina árabe y, finalmente, la medicina actual.
Su superioridad cultural, manifestada en la capacidad de explicar textos complejos como los de Dioscórides, fue utilizada estratégicamente en sus contactos diplomáticos con el mundo islámico, consolidando el prestigio de Bizancio hasta sus últimos días.

Hipócrates y Galeno en un mosaico bizantino.
Referencias principales.
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Lopez Piñero J.M. La medicina en la historia. Editorial La esfera de los libros. Madrid. 2002. (5): 115-129.
Los avances en la medicina bizantina. Revista Muy interesante. Pp126-129.
Rodríguez Pérez M, Echavarría Rodriguez R. La medicina en la historia. Editoral Panamericana. 2021, Cap 12.
Talbot, A.-M. Faith Healing in Late Byzantium: The Posthumous Miracles of the Patriarch Athanasios I of Constantinople. Hellenic College Press. 1983.
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